miércoles, 26 de marzo de 2014

LA LETRA PARAGUAYA ESTA DE LUTO


“Préstame el camino / para pisar mi nombre / para pisar mi sombra / para pisar mi sangre / para pisar mi tierra”, decía en un poema de su libro “Camino de andar” el escritor y poeta Rubén Bareiro Saguier, Villeta del Guarnipitán (enero de 1930) – Asunción (26 de marzo de 2014)
Anteayer nos sorprendió la infausta noticia, de que calló para siempre la vibrante voz de uno de los paraguayos ilustres, la del gran escritor, poeta y Premio Nacional de Literatura, Rubén Bareiro Saguier. Hijo dilecto de su valle, Villeta del Guarnipitán y ciudadano del mundo. El Centro Cultural La República, El Cabildo lo ha galardonado como Maestro del Arte, un título que mereció sobradamente, como gran poeta.
Él nos ha precedido en el paso a la eternidad, tras haber transitado por el orbe dejando su impronta de intelectual de probada hidalguía y creatividad.  Fue un ser humano cabal, apreciado y respetado en todos los ámbitos, en los que le tocó vivir y actuar como representante del Paraguay. Conoció el dolor del destierro, que sin embargo, en vez de amilanarlo, templó su espíritu para darnos lo mejor de su voz poética y pensamiento intelectual.
En Evidencia, nos dice el poeta:
Y de golpe comprendo / que mi patria, / la antigua tierra abierta / de los dueños del viento /se ha vuelto este pedazo de sombra / entre cuatro paredes / y una reja.
Rubén Bareiro Saguier fue un hombre solidario, un intelectual que contribuyó con quien se acercaba a él, ya sea en su casa de París o a la Embajada de Paraguay en Francia. Los paraguayos encontraron refugio bajo su gran ala, en los momentos más tristes y aciagos. Hizo un culto de la amistad a sus semejantes. Conoció y frecuentó a los escritores más reconocidos del boom Latinoamericano, contribuyó con la cultura paraguaya sin retacear su mejor esfuerzo, en infinidad de proyectos, que dieron nombradía y quilate a nuestro país. No fue un autor prolífico, pero en su obra nos deja una herencia rica en variedad y calidad, que van desde los versos, la prosa, el ensayo y la letra para música, siempre con el olor y el color de la tierra colorada y el río Paraguay que lo vio crecer.
El gran poeta y crítico argentino, Saul Yurkevich, quien fuera muy amigo de nuestro compatriota había dicho de él: “Rubén Bareíro Saguier ha entramado su existencia personal con la de su colectividad, su intimo transcurso con los avatares de su país. Desde sus tiempos de estudiante ha librado todos los combates-políticos, estéticos, culturales y lingüísticos que al Paraguay incumben, ha defendido en múltiples frentes su ideario acerca del sentido y los destinos nacionales antes de resultar el Embajador a justo título del Paraguay en Francia. El fue para nosotros el Embajador innato y a nadie que yo conozca corresponde mejor esta dignidad.
Bareiro Saguier fue uno de los miembros destacados de la Generación del ’50, conjuntamente con poetas como José Luis Appleyard, Ricardo Mazo, José María Gómez Sanjurjo, Ramiro Domínguez, Carlos Villagra Marsal, Rodrigo Díaz Pérez, entre otros. Abogado por la UNA, en 1953, fue además Licenciado en Letras, (UNA) en 1957, y Doctor en Letras y Ciencias Humanas, por la Universidad Paul Valery, Montpelier III, Francia (1991)
Fue fundador del Ateneo Viriato Diaz Pérez. Dictó cátedras de Literatura Hispanoamericana, en la Facultad de Filosofía (UNA). Fue también director de la Revista Alcor, una publicación literaria que marcó una época fecunda de las letras en nuestro país.
Fino poeta, ensayista, periodista, narrador, docente y crítico literario. Fue un líder intelectual y fundador de Academias Literarias en su juventud. Fue también activo miembro de la Sociedad de Escritores del Paraguay, en la que le cupo ocupar cargos hasta el 2011. Fue distinguido Miembro Honorario por la SEP.
Tras haber sido ganador del Premio Casa de las Américas de Cuba, en 1971, este galardón le valió, primero la prisión en las mazmorras de la dictadura, y luego, el destierro de  nuestro país, exiliándose 25 años en París, Francia, donde ejerció funciones de docente y posteriormente, la de Embajador. En su función docente y como diplomático, fue un gran defensor y difusor del guaraní. Tuvo cátedras de nuestra segunda lengua oficial en reconocidas universidades de Europa.
Pudo retornar recién a nuestro país, tras la caída de la dictadura Stronista, en 1989 y en la Asamblea Nacional Constituyente de 1992, propuso la oficialización del idioma guaraní.
Adiós al maestro
Una leve brisa atraviesa el tiempo / y orada rocas y diamantes. / Dibuja huellas en la arena / que se vuelven nítidos cristales / Y hay lágrimas que se deslizan / por toboganes transparentes / hacia el insondable trepidar / de leños encendidos.

Lisandro Cardozo

Pte. SEP

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