viernes, 30 de julio de 2010

El lunes 26 de julio a las 19 hs., en el local del Ateneo Paraguayo, se llevó a cavo el homenaje a la escritora  Elsa Wiezell.
En la ocasión, se refirieron a la homenajeada los Escritores Lourdes Espinola y Victorio Suarez, siendo el moderador Genaro Riera Hunter.

Este escrito es una manera de mi reconocimiento a Elsa Wiezell, de quien desde hace demasiados años, en distintos momentos, edad y circunstancias, he escuchado palabras que me han servido de forma muy desiguales según los períodos subjetivos de mi relación.        

1. La escritura poética es lo que puede acercarse a resolver la lesión interna inicial, fundacional, originaria del ser humano. La escritura poética es lo que puede dar alivio. Aunque muchas cosas no fueran escritas, forman parte también del poema, así sea como vacío de un nuevo motivador, hay intersticios que hacen brotar futuros poemas y sorprenden al poeta esta motivación extraña. Se escribe como necesidad de ordenar algún dolor del existir; es el camino de la obra. Aunque el poeta intervenga posteriormente, finalmente el poeta sobra, está de más en ese momento; el pedazo de la obra lo detiene, le dice: basta por ahora.        

2. El poeta es un costurero, zurce sus llagas. Leer es querer averiguar, aunque en general no se logra, cómo un sujeto dio soluciones a un dolor de la existencia. Por eso hay lectores que no se separan de un escritor, lo siguen porque cumple de alguna manera la fórmula-modelo de cómo se hace para separarse de alguna molestia insistente.    

3. Se recomienza permanentemente la escritura. Muchos poemarios nacen porque ninguno cancela de manera completa el golpe del comenzar la vida. El poeta siempre está alegre; está feliz cuando produce porque pudo dar un paso más, dilatar un poco alguna angustia tormentosa. La escritura es el psicofármaco natural del creador. La biografía de Schumann muestra de manera cruda esta situación del creador.    

4. Que el poeta pueda lograr un gran trabajo no implica que el que escribe mínusculamente es menos luchador respecto al dolor. Los poemas y escritos “secundarios”, sin consecuencia en el otro, no dejan de ser testimonios de puntadas a las heridas de la existencia. Desvalorizar los escritos juveniles o diarios de las personas es como considerar a los lapsus lingüísticos como marginales, que no sirven ni llevan a nada, lo que desde Freud sabemos que es camino a alguna verdad del sujeto.    

5. Se escribe como manera de bordear algún vacío, de decir algo indecible. Hay en el poema algo de enigmático que ni el lector ni el poeta, muchas veces, pueden llegar a descifrar. Un cierto fragmento extraño, incomprensible, es condición para una obra. Se escribe pero es imposible decir todo. Lo bello no va sin el pequeño fuego. Un poema tiene algo de ajenidad, un algo no esperado por el poeta. El poeta reconoce su obra pero en algún punto lo desconoce. Algunas obras o p-artes le son familiares a sus deseos, fantasmas… pero a otras las desconoce, le son ajenas cuando las recuerda, siente como si las hubiera escrito otro, y tal vez, justamente, sean esas las mejores.    

6. ¿Cuántas veces se puede repetir el mismo eje del poema? El sujeto se extraña cuando no se puede repetir. Tal vez se pueda repetir, pero no escribe lo mismo. Una cosa es sentir y otra escribir. Se siente como uno, como uno mismo, pero se escribe como un desconocido en algunos fragmentos. Hay en algún punto, en alguna zona algo familiar y extraño simultáneamente que no entiende ni el lector ni el crítico pero que suscita, a veces, el interés por saber y otras por alejarse, por tomar distancia definitivamente.    

Genaro Riera Hunter
Ágape Psicoanalítico Paraguayo
ABC Color, 24 de Julio de 2010 16:31

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