domingo, 13 de junio de 2010

Hay que leer más para formar el juicio crítico, según escritor Ramiro Domínguez




Los jóvenes deben leer más para formar el juicio crítico. Así afirma el poeta, docente, sociólogo, ensayista y antropólogo guaireño, Dr. Ramiro Domínguez, quien cumplió 80 años el 14 de abril pasado. El investigador de las tradiciones campesinas es el ganador de la edición 2009 del Premio Nacional de Literatura, que cada año instituye el Congreso de nuestro país. 

Ramiro Jesús Domínguez  Codas nos recibió en su residencia de Asunción con la humildad y sencillez que caracterizan a los grandes intelectuales. Nos permitió conocer su faceta poco conocida, el de padre y abuelo. En sus brazos peleaban por el lugar más privilegiado sus tres nietos: Sofía, de 3 años; Osmar, de 2; y Ramiro Sebastián, de 9 meses. Muy cerca estaba cuidando de los niños su hija adoptiva Sofía Catalina Domínguez, quien hace tres décadas acompaña en todo al poeta, sociólogo y bogado.   “Mis nietos y mi hija son mis mejores tesoros. Con ellos paso el mayor tiempo que puedo”, manifestó a la vez de agregar que no se casó porque siempre tuvo vocación a la vida sacerdotal, pero debió abandonar porque padecía de asma.   
Realizamos con el escritor una charla distendida, amena, llena de recuerdos familiares y anécdotas de su niñez salpicados de buen humor y mucha cultura, sin perder la ocasión para hablar de sus numerosas facetas que cumple como maestro del arte.        
En su obra de carácter autobiográfico “El primo Juan”, Domínguez puso su acento sobre un estilo de vida, rico en esplendores y en ingenio, de su Villarrica natal.    
Fue su padre Enrique Domínguez Quinodoz (descendiente español), médico cirujano  especializado en Francia, el primero en el Paraguay en obtener medalla de oro por ser mejor egresado de la Facultad de Medicina.  Su madre, Sofía Codas Papaluca, descendiente italiana/griega,  fue profesora superior de piano. 
Informó que su hermana, Carmen Inés, aún vive, pero su hermano Cosme Enrique falleció hace algunos años.
Nos contó que se jubiló como docente luego de 40 años de ejercicio. Recordó a algunos de sus  ex alumnos, como el periodista y escritor  fallecido Helio Vera. También fueron sus alumnos los ex presidentes de la República, Nicanor Duarte Frutos y Juan Carlos Wasmosy.    
De Duarte Frutos recordó una anécdota. Cuando vino de visita oficial el rey Juan Carlos de España al Paraguay, hace unos años, Ramiro Domínguez estuvo presente en una de las galerías de arte. Cuando llegó  Duarte Frutos con el rey,  vio a Domínguez y  le presentó  como su ex profesor en la Facultad de Derecho. 
Una de las periodistas extranjeras le preguntó a Ramiro  si era verdad que fue su profesor de Leyes. Entonces Domínguez le respondió: “Yo le enseñé Derecho, pero como alumno me salió torcido”. Y de esa frase se hizo eco la prensa internacional.    
Sobre la realidad nacional dijo que la  gente votó el cambio en el 2008 y no debe desilusionarse porque la democracia es la mejor manera de gobernar.
Alegó que los cambios son lentos y la combinación de la Alianza de partidos políticos heterogéneos hace difícil llegar a acuerdos para gobernar.
“Por si todo fuera poco,  no había un diseño de país. No obstante, el cambio positivo se puede evidenciar en la libertad de expresión y en la alternancia del poder. Tenemos que aprender a convivir con gente que piensa distinto. La crítica enriquece, estamos creciendo en civismo, gradualmente”, significó.    
Como miembro del Consejo de la Reforma dijo que luego del golpe del 2 y 3 de febrero de 1989, con la implementación de la Reforma Educativa se le devolvió al docente su dignidad. Porque ya no debe cumplir una educación verticalista y memorística.    
“La Reforma Educativa tiene sus puntos positivos, porque disminuyó el analfabetismo y la deserción escolar. Ahora hay que hacer obligatoria la educación del nivel medio. Pero todavía hay mucho por hacer, pero, repito, todo proceso de cambio es lento”, recalcó.    
Luego resaltó que  “es fundamental la lectura porque forma el pensamiento crítico y hay que incentivarla en los niños y jóvenes, que están invadidos por los medios de comunicación modernos, como internet”.
Estudios    

Ramiro Domínguez nació en la ciudad de Villarrica el 14 de abril de 1930. Graduado en Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Asunción, presentó su tesis doctoral sobre “Comunicación en comunidades rurales-1966”.    

Domínguez ganó el Premio Nacional de Literatura 2009, instituido por el Congreso. El galardón del  año pasado fue para el libro “Primeros Poemas”, que es una antología, que reúne precisamente los poemas iniciales del  poeta.  

Es además miembro fundador del Centro de Estudios Antropológicos y destacado docente universitario de la Universidad Católica “Nuestra Señora de la Asunción” y Universidad Nacional de Asunción. También es miembro del Consejo Asesor de la Reforma Educativa y coordinador de la Comisión Nacional de Bilingüismo.    

Este mes fue nombrado Ciudadano Ilustre de la Cultura Nacional, por Resolución 167 de la Secretaría Nacional de Cultura.    

Publicaciones   

Toda la poesía de Ramiro tiene como trasfondo la realidad social paraguaya, aun cuando reinventa mitos literarios o históricos, e inclusive retoma mitos paraguayos, como una alegoría para explicar la situación social de un país cuya sociedad estuvo cautiva por los poderes discrecionales de quienes la gobernaban y de las potencias extranjeras que la explotaban.    

De inspiración bíblica son sus poemarios “Salmos a deshora” (1963) y “Ditirambos para flauta y coro” (1964).    

Su obra poética incluye, además, “Zumos” (1962), “Las cuatro fases del luisón” (1966), “Los casos de Perurimá” (1969), “Mbói Yaguá” (1973), poemario en guaraní, Itinerario Poético (1985) y “Deslumbres” (1994). También es autor de dos obras teatrales en verso: “Cantata heroica a Pedro Juan Caballero” y “Fantasía coral” (1976).    

Contenido de su obra   

De Ramiro Domínguez,  con un lenguaje reflexivo y a la vez desenfadado, decimos que su conocimiento de distintas áreas culturales lo lleva a generar poemas de referentes literarios y folclóricos.    

“Zumos”, su primer libro, es un monólogo con la madre tierra, es casi una confesión, buscando la palabra exacta, equilibrada, inclusive en sus alteraciones de imprecación o enojo, para no desmemoriarla del amor que le profesa. Los poemas describen el brocal y el fondo del pozo del desespero del sujeto poético, aunque al final siempre el poeta deja una gota de esperanza como una marca de luz en la hendija de la angustia.  

En el poema “Credo para el oficio de tinieblas”, casi una justificación a esa madre que a pesar de todo y más allá de “todos los convenios y los anteproyectos sin cumplir”, “tierra desnuda y mínima aun espero de ti”. Y no solo todavía espera sino está convencido de que “al margen de los censos y estadísticas hay todavía preñez en tu raíz”.      

Los 13 poemas del exilio, que forman parte del libro, son una dolorosa conversación de almohada a almohada; antes que de exilio, son poemas del reencuentro y de un azoramiento ante un proceso desolado de cambio. No existe retorno posible: “dame nunca volver/ a tener que volver”, pero aun así el poeta reclama un pequeño lugar “para poner ni nunca sueño amanecido” y le impreca a la tierra “Ni para qué decir que has de lucirte/—remendona de ayeres— subastando/tus últimos enseres” y le señala quiénes son sus subastadores “Apresurando el paso/llegan tus forasteros, enarbolando/el séquito de sus alabanzas/desplumándote como un enorme gallo” y concluye que “Ahora te resta poco de la antigua silueta/porque de tus misterios/hoy se venden postales en tarjeta”.   

En el poema 9 llega ya a un mundo destruido, cambiado por las manos de aquellos alquimistas que lo desbarataron, y entonces la tierra toma su venganza dejando “en cada cuna el espectro del hambre con la misma cigüeña”. Para convertirse en “...almácigo de larvas ciegas/germinando semillas de muerte”.
Fuente ABC Color, 24 de Abril de 2010 18:28

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